Julio Cortázar. La ternura que se teje

La ternura se teje, se practica. Se hace a diario. Uno se entrena en la ternura... Si. Uno se educa en la ternura... Porque es fácil perder la administración de eso que es tan natural en el ser humano cuando nace y que pierde a cada minuto mientras va creciendo. Supongo es el tiempo del mundo el que se hace dueño de nuestra ternura. No es la paciencia. Paciente la vida que espera por nosotros cada que perdemos la ternura. "Me estás haciendo perder la ternura"... Diría cada tanto una persona suertuda en un conflicto cotidiano tipo: odio mi trabajo, o no quiero ir a la oficina o detesto los bancos. Si. En los bancos SI que se pierde la ternura!!! Los bancos no podrían ser tiernos porque si lo fueran tendrían tubos de colores en las salas de espera y amigurumis de gatos y barriletes. La ternura se teje. Es un ejercicio diría Julio Cortázar. Cómo los conejitos que vomita alguien que envía una correspondencia a París, queriendo decir: Te extraño y aquí todo muere si usted no está. 

Por eso este Cortázar tejido. Quedo de un serio de seño fruncido, con toda la ternura de que puede un Amigurumi: Un pequeño gigante amigo tejido que se va para la librería. 

Me gusta cuando escribo decir: "esto va para la tienda, esto está ahora en la librería, esto va para el correo "... Esto hace de mi hacer (también me gustan las redundancias) que sea cotidiano, como el Bertebly, como un escribiente... Cotidiana, ritualista. Este Amigurumi va para la librería, este Amigurumi va para la tienda, debo poner este muñeco en el correo. Ah, que placer.

Las cosas con Cortázar empezaron hace mucho tiempo. Leí una frase de este señor escritor argentino. Escritor a mi escoger muy serio por su refinado humor. Un literal gigante:  Una frase que me identificó puramente a mis 18 años:  "No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi". Y vaya que siempre el drama de: casi fue y nunca era se me hacía de difícil comprensión, pues esta frase era la definición de mi incomplacencia con las cosas de la vida: Que me renuncie todo que yo a ese todo le llamaré destino. Y entonces leí Rayuela. Rayuela le llega a uno. No creo que uno la busque. Rayuela: Que predestinación a las elecciones propias. 

Me di cuenta que Somos brote. Somos brote germinando y cuando escuchas crecer esa flor, escuchas ese motor propulsor... Y te lo dice Cortázar con toda la gracia del mundo: Sea... Y sea con todas las ganas, de lo que las ganas le puedan dar. Pero sea. No sé evite el placer, la necesidad y la responsabilidad de ser. "No puede ser que estemos aquí para no poder ser". Así que sea. Abrase mundo para que todo se estructure en torno a eso que ven mis ojos hacia adentro que del sueño lo más duro es despertar y si sueño es la vida al final despertar sea la última canción de la vigilia. Leer a Cortázar fue y ha Sido como tejer el Amigurumi sin fin en espiral que lleva de la pizarra piedra plana del uno y el dos hasta el cielo ese,  dónde el arco iris espera. Una Rayuela de un inevitable destino que uno pinta día a día sin esperanza, porque la esperanza le corresponde a la vida y a uno le corresponde la Fe: Creer sin ver en eso que hemos creado en la imaginación.

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