Virginia Woolf y el pez amarillo






Tuve un sueño hace mucho tiempo. Realmente fue un sueño pesaroso, una pesadilla. Un pez amarillo, casi dorado, vino a saludarme en el balcón de mi casa en el centro de la ciudad. Este pez por su tamaño, me asustó. Yo escribía algo en mi diario, y estaba feliz porque era un pequeño poema... Pero entonces llegó este pez, hermoso pero gigate, y se llevó mi poema. Después, estaba frente al mar. Repitia en el sueño como un mantra: Virginia Woolf, Virginia Woolf, Virginia Woolf... Y apareció de nuevo el pez amarillo. Pero ésta vez, chiquitico, tan chiquito que tuve que ponerlo en una conchita. Está vez yo estaba feliz porque pensaba: este pez es mi pequeño poema... Luego... En la distancia... Muy muy lejos... Vi la escena de Virginia acercándose a la orilla del mar, con el pez amarillo en sus manos. Yo grité: Virginia!! No te muevas!!! Espera que ya te llevo este pez chiquito (de esas cosas "ilógicas" de los sueños) y cuando abrí la conchita, el pecesito ya no estaba. Hice un pequeño puchero, lloré. Virginia volvió a seguir su decisión. Yo desperté.

Cuando empecé a tejer este pequeño gran personaje literario, lo primero que apareció, fue el pez amarillo. Es la imaginación este pez? Es mi imaginación? Lo encontró Virginia al ir al fondo de todo? Quien sabe. El asunto aquí es que el pez amarillo es, la metáfora de las olas. El tiempo de las aguas. La decisión de Virginia.

Aquí comparto un aparte de las olas. Jinny, uno de los personajes en su infancia. 

"Esto es solamente aquí, esto es solamente ahora. Ahora hacemos sobre los groselleros y, cuando la brisa sopla quesmosbcon todo el cuerpo moteado. Mi mano es como una piel de serpiente. Mis rodillas son rosadas islas flotantes. Tu rostro es como un manzano bajo una red". Las olas. Virginia Woolf. 

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